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miércoles, diciembre 24, 2008

Carta de despedida

Mi amor:

Ahora que terminaste el trayecto más complicado del camino, ya puedo soltarte la mano; no hay más riesgo de tropiezos, ya no me necesitas. Sé que me pediste que no hiciera esto, que no te acompañara si cada paso me hería el alma, pero no iba a arriesgarme a que tu soledad te dejara inválido, preferí correr contigo sangrando y sonriendo.


Hoy el sendero se te presenta mucho menos escarpado, y yo tengo que retomar el mío, donde al fin podré olvidarte... permíteme esa paz. Porque el amor brilla aún en nuestros ojos, nuestras manos aún se buscan, nuestras voces insisten... y eso sólo lo opacará la distancia, distancia enorme entre tu camino y el mío, entre tu vida y la mía.


Te deseo lo mejor, espero que seas muy feliz, ojalá el paisaje de tu sendero tengas flores, risas y color sol. No te preocupes por mí, porque volveremos a estar juntos: nos veremos en el cielo, mi amor.

martes, enero 08, 2008

Llévame contigo en este sobre

Franco:

Llévame contigo en este sobre, déjame cuidarte yo, despega este último avión sin las penas del ayer… Esas se acabaron hace mucho. Te equivocaste, hermanito: no, no estamos iguales; no, no somos los mismos. Me aventuraría a decir que el cambio es para mejor. Y aunque no se note en lo superficial y nuestras sonrisas sean las mismas, aquí hemos sufrido mucho, y la pena enseña. No te quedes con penas viejas, ellas ya te enseñaron lo que podían, ahora date cuenta que tu papá no es el mismo, es mejor; que tu mamá no es la misma, es mejor; que tu hermana no es la misma, es mayor. Yo sé que quieres cruzar la cordillera, cerrar los ojos, ser lo más feliz posible y que cuando vuelvas todo esté igual… pero no lo estará. Por eso llévame en este sobre, quiero acompañarte en tu vida y mostrarte que no hay que huir de la pena, ni evitar lo desagradable, quédate, enfréntalo, aprende.

La distancia no es tan difícil como la pintan: uno se queda con las palabras bonitas, se evita todo los problemas molestos de la convivencia y la rutina. Y cuando al fin nos vemos, la reunión es una fogata donde tú me cuentas las anécdotas interesantes de tus historias, y donde yo te narro los capítulos destacados de lo que me ha pasado a mí. Un simple intercambio de novelas. Y te confieso: tengo miedo. Miedo a que cuando en dos años más vuelvas definitivamente, sigas viviendo a distancia, por evitar lo desagradable, como los evitas a ellos.

Las cosas más valiosas que he aprendido en estos dos años no han sido pasándolo bien, y yo quiero ser esa hermana que esté cuando me necesites, no sólo en amenas fogatas. No me evites a mí, yo no le tengo miedo a la pena, porque llorando y amando se supera. Le tengo miedo a la soledad. No puedo prometerte esta sonrisa de pendeja feliz, que te he ofrecido estos días de tu visita, como un estado constante. Voy a ser desagradable, pero te prometo ser tu hermana y que mis ojos, espejos de los tuyos, te seguirán esperando y apoyando a los papás –con los que hemos crecido tanto entre cigarro y cigarro- hasta que tu vida y las nuestras se puedan escribir en un mismo libro.

Llévame contigo en este sobre, porque tú te quedas conmigo en todo lo demás.

domingo, septiembre 23, 2007

Una carta para ti

Mi amor:

Hay pocas razones, pero una acción: escribo una carta para ti. Hablamos hace un par hora, o menos; nos vimos ayer; nos veremos mañana; no estamos peleados, no estamos apasionados; no estamos incomunicados, puedo tomar el celular en cualquier momento; no estamos lejos, unas veinte cuadras sería tal vez exagerar... Pero escribo una carta para ti, porque te amo.

¿Recuerdas ese tiempo en que no nos amábamos? Es irónico, sin embargo, ese era el tiempo en que más románticos éramos. Me invitabas a lugares que me sorprendieran, yo me arreglaba mucho, me dedicabas canciones, yo inventaba juegos, me escribías mails, yo te coqueteaba... Fue un tiempo bonito, corto y romántico. Lo recuerdo con una sonrisa, mas no lo añoro. Prefiero esta tranquilidad hermosa de amarte y que me ames, prefiero la ausencia de esa duda nerviosa de si realmente estás feliz de verme, prefiero la sinceridad. Estupidez creer que planear estrategias para sacarte un beso y cuidar mis palabras para que no se revele cuánto me gustas es romántico. Eso no es romance. Esto es romance. Esto que estoy haciendo, esta carta que escribo, tu invitación a comer helado porque sabes que me encanta, el superocho que te llevo porque sé que te encanta, acompañarme a ver la teleserie, acompañarte a escuchar el partido, proponerme ir al cine a ver esa película que odias, aceptar ir a la parada militar que me aburre... Esto es romance, esto es burlarse de la rutina... y de eso se trata el amor. ¿O no? ¡Quién sabe! El amor lo inventamos tú y yo. Y otras parejas inventarán otros conceptos, y tendrán otros parámetros, y otros besos, y puede que sean mejores... Y en ese tiempo en que no nos amábamos me importaba. Me trastornaba la posibilidad de encontrar a alguien más, a alguien mejor, y que no lo viera por ya haberte elegido. No obstante, hoy te amo, y puede que sí, que haya gente mejor, y es muy probable que sí, que haya gente mejor, y ya no importa. Porque este amor nuestro que no merece estar en ninguna película, me hace feliz. Me hace feliz, y aunque pudiera encontrar algo mejor, ¡no quiero algo mejor! ¡Te quiero a ti! Y quiero nuestra historia, y quiero vivirla siempre, y quiero que sus sucesos calmos que no podré narrar en ninguna novela, y quiero esta tranquilidad de poder decirte sinceramente lo que pienso y no temer ser herida, y quiero crear una rutina contigo y que esa palabra no tenga carga negativa, y quiero redactar esta carta, una carta para ti, una carta de amor.