viernes, julio 02, 2010

La observación

Ella los observa a todos y yo la observo a ella.
Noto cómo sus pupilas se mueven decididamente
a un extremo y otro de su cavidad ocular,
cree no ser percibida percibiendo a otros,
pero yo la percibo.

Es tan delgada,
su cuerpo toda una misma línea gris uniformada,
Liceo veintisiete creo leer,
pero su pelo también lineal puede confundirme los números al caer gravitatoriamente sobre ellos.
Liceo veintiuno tal vez.
Como si no creyera suficiente su estrechez de existencia,
no cambió sus ropas grises para apoyarse junto al gris muro
y desde allí, camuflada, escondida, espiante,
observarlos a todos, analizarlos a todos,
extirparles a cada uno sus virtudes y llevárselas en esos ojos que las convertirán en personajes perfectos e irreales de su cuento,
de su cuadro, de su canción...
no sé.

Y los observa y les despoja,
y la observo y juzgo.
¡Ladrona, ladrona! ¡Arréstenla!
¡Se las lleva, se las quita!
¡Ahí está! ¿Qué no la ven?
¡Que las devuelva! ¡Las lleva en sus ojos!
Ahí las esconde ahora, pero sólo por ahora,
porque después los publicará en alguna cosa que ella llame creación
y obligará a los usurpados a pegar derechos de autor
por sentirse identificados con sus propias virtudes,
historias, vestimentas, gestos, ¡vidas!
¡Quítenselas, que se las lleva!

Estúpidos...
Bueno, ignórenla y confúndanla con la pared si quieren,
omítanla, después se verán aplaudiéndola.

Su disfraz para mí es demasiado evidente
y sus ojos ladrones excesivamente descarados,
no la perdono.

Tú los observas a ellos,
y no sabes que así mismo te observo yo.
Aunque estemos en una estación de buses
a mí no se me hace normal que permanezca esa mochila a tus pies.
¿Por qué no la usas?
¿Por qué no te vales de su contenido?
Porque prefieres esos colores que te brinda el Liceo veintiuno
o veintisiete, u once o dieciséis
y que te hacen anónima.
¿Por qué muerdes tus uñas?
¿Por qué las reduces a muñones y las ingieres despreocupadamente?
Porque alimentándote de ellas conservarás esa delgadez
rectilínea y grosera,
vomitiva y reptílica
y que te hace anónima.

Dejas de observarlos a todos
y yo no renuncio a observarte a ti.
Finges ver la hora,
finges chequear tu pasaje,
finges preocuparte por los horarios de salida exhibidos,
pero finges.
Insistes en comer tus uñas y poco a poco te volteas,
me das la espalda.
Pretendes hacer cualquier cosa menos algo premeditado
y yo sé que recurres a tácticas sutiles para parecer
estar espontáneamente ocupada,
yo lo sé:
yo las ocupo.

No observas a nadie, y,
porque has tomado tu mochila y me has huido, ladrona,
yo no te observo a ti.
Sin embargo aquí me quedo escribiéndote,
robándote.
Eres mía.
Yo te observé.

lunes, junio 07, 2010

Penélope

Quiero pensar que me llamo Penélope; aunque no sea así.

Partiste por una razón mayor que tú, y yo te espero; por eso creo que me debo hacer llamar Penélope. En mi larga espera elaboro el más grande y más hermoso tejido con hebras de sueños, palillos de amor y bordados de recuerdos; por eso creo que me debo hacer llamar Penélope. Mis más cercanos me recomiendan que no aguarde tu llegada, que aproveche mi propio tiempo; por eso creo que me debo hacer llamar Penélope. Junto a mí se acercan hombres que me pretenden y me lo manifiestan; por eso creo que me debo hacer llamar Penélope, pero el hecho de que no se llamen Odiseo y que esto no me sea relevante, creo que invalida el que me deba hacer llamar Penélope.

¡Oh, Odiseo! Mi amor, partiste y yo te espero; sin embargo sólo llegan otros… No te cambio por ellos, pero debo reconocer que los escucho, pues también escucho que mi vida debería seguir y no siquiera rumores de que la tuya vuelve a la mía.

¿Cuánto puede una mujer esperar? Para siempre. ¿Cuánto DEBE una mujer esperar…?

A veces recuerdo que no te llamas Odiseo y que yo tampoco Penélope. A veces recuerdo que mi vida no es una epopeya. A veces esto es un consuelo cuando bebo el fruto de Dionisio con los que me pretendieron y accedí. A veces con ellos miro al cielo en un intento de ver un futuro juntos, y se atraviesa un avión, entonces sonrío pensando que puedes ser tú al fin, porque a veces se me olvida que ya llegaste de la odisea, y que a pesar de eso, aún espero que vuelvas.

Por eso quiero pensar que me llamo Penélope; aunque no sea así, porque Penélope esperó y Odiseo volvió.

jueves, abril 29, 2010

Leer por gusto

Con este cuento gané el Primer Lugar Nacional en la categoría de 15 a 18 años del concurso Leer por Gusto, del Ministerio de Educación e Isabel Allende. Ese debe haber sido el día más feliz de mi vida. Gané mil dólares y varios libros, pero lo más valioso fue el reconocimiento de saber que lo que escribo por gusto, gusta a otros.


-¡¡¡VALE!!! ¡Apaga esa televisión y haz algo productivo!

Productivo/a: “1. Que produce, capaz de producir: terreno productivo. 2. Que produce utilidad, ganancia: empresa productiva”.

Con esa definición de mi diccionario enciclopédico Larousse, a los nueve años, poco podía hacer, pues carecía de un terreno y era muy pequeña para tener una empresa… Así que volví a encender la televisión…

-¡Valeria! ¡Hija! ¡¿Hasta cuándo ve tele?! ¿Por qué no hace algo útil como su madre o como su hermano?

Bueno, ahora sí tenía parámetros más asequibles, pero no por eso más agradables… Mi mamá pasaba todo el día en las labores de la casa, limpiando, cocinando, ordenando, comprando, planchando, lavando, etc, ¡¿y se suponía que yo tenía que hacer todas esas cosas también?! Pero, ¿para qué? ¿Qué íbamos a hacer con dos almuerzos? ¿O con dos bolsas con el pan? ¿Qué limpiaría yo, si ella ya lo había hecho? ¿Qué ordenaría yo, si ella ya había puesto todo en su lugar? Y en cuanto a mi hermano, bueno, no había mucho que imitar… su día de púber consistía básicamente en asistir al colegio, jugar básquetbol y tirarse en la cama a escuchar música o a leer. Yo también iba al colegio, ¿eso no contaba acaso como algo útil ya? Y juro que había tratado de jugar básquetbol con Franco, pero, o él se resistía a perder el tiempo con una jugadora tan mala, o me llegaba un pelotazo en los dientes. Me quedaban dos opciones, y el hecho de haber escuchado tantas veces el casete de Pimpón hasta rayarle la cinta, reducía todo a una sola: leer.

Leer… Mmm… La verdad siempre había escuchado decir que leer era muy bueno, pero por algún extraño motivo nunca veía a nadie hacerlo -excepto a mi padre, que parecía obsesionado con el tema-. Supuse que era lógico, entonces, omitir las cosas que nos hacen bien, como el deporte y la lectura; y abusar de las que nos hacen mal, como la comida chatarra y las pocas horas de sueño…

Pero por muy lógico que fuera para la sociedad entera, yo todavía tenía que hacer algo útil y al fin sabía qué.

En el living de mi casa había un librero con muchos títulos, unos que parecían tener sólo diez páginas y otros que eran casi mórbidos de contenido, mas esos se encontraban en la sección adulta del estante, y yo ya me había deslizado por el suelo para revisar la sección infantil que estaba en cajón inferior. Varios de los libros allí almacenados ya los había leído por el colegio, de hecho, los habían comprado únicamente por mí. Otros no sonaban muy interesantes –“Las Crónicas de Narnia”, crónicas… eso sonaba demasiado periodístico… y de Narnia, ¡¿quién era Narnia?! Definitivamente alguien con muy mala suerte, pues sus padres parecían haberla querido perjudicar con ese nombre…-; otros eran excesivamente extensos –“Canción de Navidad”, ese sí debía ser entretenido, siempre me gustó la Navidad, pero por la cantidad de hojas que lo integraban, lo terminaría para dicho feriado, y faltaba bastante aún…-; otros estaban muy empolvados, y eso implicaba antigüedad, y eso me significaba prehistoria, y eso nada que me atrajera… En mi ardua inspección me sorprendió mi padre, que parecía sinceramente feliz de haber encontrado a su hijita en esa labor; y al verme algo complicada, se apresuró a elegir algún tomo que supuestamente yo encontraría interesante. Eso debería haber sido muy simpático: ya no tendría que estar moliéndome las rodillas contra el piso, ni rascándome la nariz por el polvo; sin embargo, cuando lo veo entregarme un grueso libro, adjunto a una rotunda sonrisa, me apresuré a sacar el primer texto que tuviera una cantidad de hojas más razonable y objetar que ya me había llamado la atención aquel nombre…

-¿La Porota? ¡Ah! Ese es de Hernán del Solar… sí, es bonito… supongo que está bien para empezar…

¡¿Empezar?! ¿Empezar qué, exactamente? O sea… ¡¿eso quería decir que, después de leer “La Porota” –que no podía sonar más ridículo… genial… noventa y cinco páginas sobre una semilla…-, tendría que buscar otro?! Ay, señor… en qué me había metido…

“Era un nombre demasiado largo para una persona tan menuda. Se llamaba Beatriz María Magdalena de los Ángeles Osorio y Castroviejo. Y medía apenas noventa y siete centímetros. Por eso, tal vez, todo el mundo prefería llamarla sencillamente Porota. Y con este nombre se la conocía en todas partes”.

Bueno, al menos había descubierto en el primer párrafo que el libro trataba sobre una niñita y no sobre una planta o algo similar. Leí unas cuatro páginas más y me dormí con el libro sobre la cara. Honestamente, recordaba muy poco de lo que decían esos dos pares de planas… Si eso era “útil”, pues a mí no me parecía, y no me quedaba gran intención de continuar haciéndolo. Obviamente esas intenciones se extinguieron al escuchar continuamente las preguntas de mi padre sobre cómo iba la lectura, si me estaba gustando, si me sentía identificada con el autor o con algún personaje... Cada vez sus interrogatorios se hacían más específicos y mis respuestas prototipo, menos satisfactorias: “Sí, me gusta mucho”, “Bonito, bonito…”, “¡Súper interesante!”…

-Hijita… ¿Y terminó el libro ya?

¡Claro que no! Se podría incluso decir que ni siquiera lo había comenzado, pero si confesaba aquello, quedaría en evidencia mi mentira.

-Eeehhh… No…

-¡¿NO?! ¡¿TODAVÍA NO?! Pero si ya llevas más de un mes en ese cuento tan cortito…

¡¿Cortito?! ¿Noventa y cinco páginas, con sólo seis dibujos en blanco y negro, le parecía cortito?! Eso era algo absolutamente refutable, pero su rostro reflejaba una mezcla de indignación y desilusión: no me quedaba otra alternativa…

-Sí, pero ya me falta muy poquito… Cuando lo termine te aviso para que lo comentemos, ¿ya?

Su contestación no la conformó más de una palabra, y sus movimientos, varios pasos lejos de mí. Sí, ahora estaba forzada a terminar la historia de la Porota…

Eran las diez de la noche, habíamos terminado de cenar y de ver las noticias en familia –mi suplicio más tortuoso, pues me aseguraba con eso, pesadillas para el resto de la noche-, y luego de ponerme el pijama, me acosté junto a Paloma, mi muñequita de trapo. Extinguí la luz de mi velador, sin embargo mis ojos no conseguían imitarla, tal vez por miedo a soñar las sangrientas historias que había visto previamente por televisión, o tal vez porque mis sábanas se rehusaban a darme calor, o tal vez porque mi colchón simplemente no estaba de ánimo para brindarme comodidad… no sé… El caso es que no podía dormir, y llegué a envidiar a mi muñeca, que con sólo formar un ángulo de ciento ochenta grados, ya cerraba sepulcralmente esas bolitas de plástico que tenía por ojos.

Fue entonces cuando recordé que Porota también tenía una muñeca que dormía con ella en la misma pieza, pero en camitas separadas. Se llamaba Mimí, y era la predilecta de la niña; la llevaba a todas partes, le cantaba, le contaba cuentos, le cocinaba en su cocinita de juguete y la cuidaba a toda hora. Pero un día la pequeña se levantó de su lecho y no encontró a Mimí en el suyo, siendo que estaba segurísima de haberla dejado allí, ¿dónde se podría haber metido? ¿Cómo había podido salir de la habitación? En mis desesperados intentos por dormir, me formulaba estas interrogantes, y pronto me intrigaron tanto que decidí volver a prender la luz y leer un poco, por último para que me diera sueño…

-¡HIJA! ¡¿QUÉ HACE DESPIERTA A ESTA HORA?! ¡SON LAS TRES DE LA MADRUGADA! ¡Cierra ese libro y duérmete, que mañana tienes que ir al colegio!

¿Tres de la madrugada? ¡Imposible! Yo sólo iba a leer un ratito… Pero es que la historia de la Porota y su muñeca estaba realmente entretenida, ¡y era de verdad! El autor me reiteraba a cada momento que eso había ocurrido realmente, y ¿quién era yo para desconfiar de él? ¡Imagina! ¡Mimí le hablaba a Porota y la había invitado a ir con ella a la ciudad de los muñecos! Si Paloma me hablara a mí, sería tan lindo…

Pero yo ya estaba crecidita para andar jugando con muñecas. No era adulta, pero el hecho de confesar, entre los amigos, que aún dormía o me divertía con mis juguetes, era motivo de burla… Todos querían ser adultos. Y yo quería ser como todos…

Esa mañana, mientras íbamos en el auto, rumbo al colegio, mi padre me dio un sutil ultimátum, que me hizo entender la urgencia con la que debía terminar el cuento que tanto me había demorado en leer, porque estaba bastante floja para mis cosas; cuando era pequeña era más responsable y ahora que crezco, me parezco más a los niñitos de mi curso que no hacen nada que les sirva para el futuro; debes cultivarte para ser una persona íntegra y así lograrás todo, o gran parte, de lo que pretendas, hija mía... Por eso pasé los recreos leyendo sentada en los bancos más alejados del quiosco, pues allí se concentraba el ruido de la felicidad de mis compañeros. Muy por el contrario de lo que yo pensé, mi comportamiento no pasó desapercibido. ¿Es, acaso, ley que cuando uno requiere soledad, todos se aproximen a extirpártela; y cuando ruegas que alguien te rescate de ese estado, nadie lo note?

Las primeras en acercarse fueron mis amigas, que me incitaban a jugar en la cajita de arena con ellas, y, por algún extraño motivo que no logré comprender, sí se alejaron, pero enfadadas. Luego llegaron unas cuantas profesoras con ojos preocupados y sonrisas amables, que insistían en si me ocurría algo, o si todo iba bien en mi casa. Después llegó la monjita que siempre estaba en la capilla que me gustaba visitar para encontrar una cuota de silencio -es que a veces la felicidad ajena es TAN ruidosa...-, y me formuló las mismas preguntas que habían hecho mis maestras anteriormente. ¡¿A qué se debía todo eso?! ¿Por qué recibía más apoyo cuando agarraba un libro y buscaba un poco de tranquilidad, que cuando lloraba por las crueldades de mis compañeros? ¡Irracional! ¡Simplemente irracional!

Preferí ahorrarme comentarios, en una de esas así también ahorraba tiempo para finalizar, por fin, el tan nombrado cuento, que cada vez se ponía más emocionante: Porota había ideado un plan para salvar la ciudad de las muñecas de una invasión de murciélagos chupa-aserrín. Le mostré el libro a la monjita y pestañé un par de veces. Ella sonrió amablemente, al igual que lo habían hecho las profesoras, sin embargo no vi en sus ojos preocupación, tal vez porque los cerró... No pronunció otra palabra, mas tampoco ejecutó otro movimiento, se quedó a mi lado, imperturbable. Por mí, mejor...

Finalmente, se acercaron a mí, y a mi nueva acompañante, dos de los más valientes niños de mi curso, los únicos que se atrevían a hacer lo que todos los otros querían hacer, y me preguntaron por qué no iba a jugar como los niñitos normales. Me sonrojé. No pude evitarlo, me estaban tratando de anormal por darle en el gusto a mi padre con su endemoniado acto útil, que ahora también me daba en el gusto a mí, arrastrándome a la anormalidad. La monjita abrió los ojos y, pasivamente, como siempre, se dirigió a ellos:

-¿No la ves que está leyendo?

-¿Y por qué lee? Eso es súper fome.

-Porque le gusta la literatura, como a los grandes.

Sus últimas cuatro palabras aseguraron un respeto, de parte de todos mis compañeros, por el resto de la enseñanza, que todavía le agradezco a esa monjita que no logró enseñarme más oraciones que el padrenuestro y el avemaría.

La Porota salvó la ciudad y le asignaron el título de Muñeca de Trapo Honoraria para siempre jamás. Mi padre fue feliz por los pocos minutos que duró nuestra crítica literaria, y luego su carácter se volvió exigente y menesteroso de sonrisa, a la espera de mi próxima lectura, que esta vez pretendía escoger él. Paloma recibió la atención que yo había dejado de darle por vergüenza a ser quien era: una niña aún. Y yo… Yo cerré mi niñez en esas páginas, y abrí mi madurez en otras. Guardé todo lo relacionado con ese mágico mundo de las muñecas y las tacitas de té en un título que debo haber leído unas cinco veces, en busca de la inocencia que me obligué a perder, para ser grande, para ser como todos…

Qué paradójico pensar que lo que empecé a hacer para ser como el resto, me llevó exactamente a un grupo poco popular; a un grupo reducido de aficionados a la literatura, que juegan a ser escritores, que fantasean con la idea de un título propio en una librería, y que luego ríen sonrojados de sólo haberlo pensado; a un grupo de tímidos aficionados que hoy escriben sobre lo que les hizo sentir un relato específico, algunos en busca de un premio, otros en busca de reconocimiento, habrá algunos que lo hacen en busca de asesinar el tiempo con algo productivo… yo lo hago en busca de una reconciliación con mi niñez, con la Porota, con Paloma, y con todos los libros de mi estante, pues los juzgué por la cantidad de páginas o sus nombres, y no por su contenido.

“La Porota”… ¡¿Qué clase de libro es ese para el análisis de una adolescente de diecisiete años, aspirante a escritora, postulante a un concurso de Isabel Allende?! Simplemente el mejor que pudo escoger. Porque habría sido muy pomposo escribir profundos análisis con rasgos de tesis de título, con densas narraciones sobre extensos textos clásicos y mundialmente reconocidos autores, y puede que resulte efectivo para el ganador de este concurso, pero yo leí que el propósito de éste era ver el efecto de un libro en el participante, y, para mí, “La Porota” produjo uno de los efectos más preciados: leer por gusto.

viernes, marzo 12, 2010

Capricho de corazón vacío

Mi dedo toca varios interruptores, desconectándome del mundo, apagándolo todo. Así es mejor, porque se me antoja la cama, se me antoja la noche... Se me antoja un abrazo, un acompañante, pero los antojos son caprichosos y no se satisface el mío con ninguno de los postulantes. Tal vez la caprichosa soy yo.

La cama y la noche. Mi cuerpo con suave olor a jabón y crema humectante, recibiendo el suspiro de la cortina que baila con el viento de verano. Todo tiene sabor a ese día en que volviste y te quedaste las horas oscuras contándome lo perfecto que eras para mí. Debí fingir que lo ignoraba, al menos que lo dudaba...

Se me antoja el pasado, se me antoja ese momento ilusionado, maravillado de mutuo encantamiento. Y renunciaría al futuro, al derecho natural de avanzar en el tiempo, por ser feliz en la ignorancia, en la esperanza de la posibilidad.

Mi cuerpo y el suspiro tibio del viento. Las estrellas esperando que les hable; pero no tengo nada que contar, la luna lo sabe y me sonríe triste: por primera vez tengo el corazón vacío. Y se me antoja que atesore un nombre, tu nombre, pero para eso tendrías que volver a volver y eso es mucho pedirle a la noche de verano.

lunes, febrero 08, 2010

Miré a mi alrededor

Miré a mi alrededor y no vi a nadie que me esperara. Miré al pasado y vi a todos los que fueron mis amores, enamorados. Miro al futuro y no veo cómo las cosas podrían cambiar... Me siento tan sola. Las amigas me alegran la cara, pero no el corazón; este corazón que tengo vacío, descolorido, entregué todo cuanto albergaba a los que me tomaron la mano con una promesa y una ilusión, todo, tanto, que ya no le quedan ni latidos ni color...

¿Será que gusto tanto del amor pero no sé amar? ¿Será que mi cariño es amargo? Porque yo los quise tanto, y todos se fueron a otros brazos, a otras caricias mejores tal vez... serán más felices con ellas tal vez... pero yo los quise tanto... y fueron míos, durmieron en mi regazo, los cuidé como al tesoro más preciado, dijeron que me querían tanto, y no pude retenerlos, se me escaparon entre los dedos, se fueron, me dejaron...


Extraño amar, me duele este corazón vacío, que de vacío ni duele, pero que echa de menos amar. Mas miro a mi alrededor y todos los corazones están emparejados, y los que podría anhelar no deparan en mi voz. Miro al pasado y todos los que fueron mis enamorados no quieren una segunda oportunidad. Miro al futuro y todo lo que veo es soledad... me siento tan sola... Tan sola que cierro los ojos para no ver más, no ver lo que no tengo, no ver lo que perdí, no ver lo inalcanzable y no verme la cara cruzada de llagas aguadas, no verme las manos impotentes que tienen tanto amor que entregar y que nadie quiere. Siento que se me va a podrir el corazón de tanto amor sin nombre, como agua estancada que se pone verde al no poder entregarse al río, al mar... Me ahogo en el estanque de mi pecho y me sentencio a la ceguera, porque estoy tan sola, y duele más porque no siempre lo estuve, porque cada beso fue un paso en el camino, porque nadie tomó mis labios como último destino…


Miro a mi alrededor y no hay nadie que busque mi proximidad. Miro al pasado y no hay nadie que espere mi retorno. Miro al futuro y no hay nada, porque mis aguas no fluyen, porque nadie querrá beber aguas envenenadas…

sábado, enero 02, 2010

Estrella de los Solitarios

Se acerca ya el día de pedirle a la Estrella de los Solitarios que desde el cielo busque al indicado
Y lo haga compañía para el nuevo año.

Justo a las doce de la noche,
Estrellita, por favor,
quítame esta soledad,
guía a mi mano a alguien que me quiera de verdad.

Mas este año no te pediré nada,
Contemplaré cómo brillas bajo las Tres Marías en mutismo.
Porque el año que ya me deja trajiste al hombre perfecto,
Que me hizo vivir días como cuentos,
Con sus ojos estrellados,
Sus abrazos apretados,
Sus besos enamorados,
Con noches eternas
De lunas llenas.

Pero la luna en un mes se hizo menguante
Y fugaz su perfección
cruzó mi cielo y lo abandonó.

Pasé el resto del año recordándolo,
Extrañándolo,
Esperando que volviera,
Pero cuando la luna volvió a ser plena
Venía ya sin él.

Es un hermoso recuerdo que me haya querido,
Será un gran capítulo en mi libro;
Sin embargo, este año no te pediré nada Estrellita
Porque el amor que das, lo quitas,
Porque perfecto es mucho,
Porque no quiero más inspiración para mis textos
Sino compañía mientras los escribo,
Porque prefiero que cada palabra de mi mano sea horrenda
A volver a versar la belleza
Con el brillo de vidrios rotos
Que rasgan mis labios al pronunciar “te amor”
Y escuchar “adiós”.

martes, diciembre 01, 2009

Ruido Ambiente

El ruido ambiente empezó a disminuir con delicadeza, interrumpida por un grito súbito de alegría o el estallido de un vaso en el piso. Las conversaciones a nuestro alrededor mutaban a manos tomadas y besos contra la pared. El cielo más oscuro y cada vez menos cigarros en la cajetilla. Tú y yo interrumpidos por la música que ya pocos bailaban, pero ambos le éramos sordos. Toda la vulgaridad y el exceso de la noche son aplacados por nuestras voces que brincan sutilmente del cine a la maldad del hombre, de la vida a la psicología, de la literatura a Dios. Y nuestros ojos reemplazan las estrellas en la sorpresa de este encuentro primero, porque este era el lugar y el momento menos pensado para la seducción en la inteligencia.

Tú te acercaste por mi vestido, yo por tu risa; con una intensión superficial fuimos atraídos inevitablemente a lo más profundo del alma y, sin tocarnos, sé que tú también te sentiste desnudo… No era la idea, fue casualidad, salió el tiro por la culata: tú me querías encandilar con palabras rebuscadas y preguntas asertivas que esperaban un gesto de asombro, ignorancia y admiración por respuesta; lo sé, yo quería lo mismo. Sin embargo, fuimos envueltos en un diálogo sin fin, en una trampa, que fue descubriéndonos mientras hablábamos, desvistiéndonos las máscaras… No caí en tu juego, ni tú en el mío; ambos caímos en un juego nuevo que la noche planeó, y el ruido ambiente empezó a disminuir con delicadeza, los individuos se convertían en parejas, el cielo más claro y los vasos definitivamente vacíos… Es conocimiento mutuo que podríamos encontrar el sol, tal vez varios soles, en el baile de nuestras palabras, y nos inundó un suspiro y el silencio en la certeza.

Entonces me dijiste:

-Tú sabes que esto va a suceder.
-Sólo falta saber quién lo confesará primero –agregué.

Tomaste mi mano y nos transformamos en una pareja más, dejamos nuestro puesto elevado y nos unimos a la juventud promedio. Confesaste primero, y cuando tus labios se acercaban a los míos, sentí que me iba a equivocar, pero me equivoqué.

domingo, octubre 25, 2009

Arrebato de perdonar

Ha habido veces en que he estado dispuesta a perdonar, en que escucho su voz y sé que la extraño, en que me encuentra su risa y recuerdo cuando yo la provocaba. Entonces, un impulso súbito de acercarme y confesar que no importa, que carezco de todo orgullo propio, un arrebato de perdonar.

Pero pronto recuerdo que no hay interés en mi disculpa, que no existe la mínima intención de recibirla, de recibirme… y me quedo aquí, con mi orgullo aparente, con mi soledad evidente.

Tal vez es obra de una sabiduría superior, una gracia medieval, que impide la enmienda de la amistad, pues probablemente nunca fue tal. Y así en el silencio son estériles las diferencias, no pueden nacer las peleas… tampoco las sonrisas… no surge nueva vida, pero tampoco heridas de muerte.

Su timbre suena en mi aire, y a veces me dan ganas de perdonar; sin embargo, en mi soledad estoy a salvo, aquí estoy a salvo.

miércoles, octubre 14, 2009

Admiración

Lo admiro. He de reconocer su grandeza en brindarle valor a lo deleznable. Contrita me quedo ante mi reacción primera de desdén hacia la estúpida. Pero él es probo al ver virtud en su pobreza de todo menos de lo obvio. Él es probo. Él es grande…

Tal vez carecer de inteligencia y pertinencia es una virtud. Tal vez le deja espacio ese vacío para la belleza.

Y tan magnificente es el espíritu de él que no sólo admira aquel ser que, tal vez erróneamente, desprecié, sino además lo pretende y canaliza sus sonrisas a proliferar las de ella, aboca sus esfuerzos a la comodidad de ella, que nada perturbe, ¡que nada perturbe!, que nadie inmute su vacío rebasado de encandiladoras linduras…

viernes, septiembre 18, 2009

Conjuro de amor

Con esta mano que acariciaste paciente dedo por dedo, en esta noche de luna llena, derramo la certeza de que volverás. Tú no lo sabes, pero volverás, para aprender a amar, y hasta que tus pasos no te traigan a mí todos tus caminos serás monótonos, sin pena, sin dicha, sólo sonrisas y lágrimas, ningún gesto reflejará la verdad de tu alma y ningún espejo tu identidad, sin poder conocerte ni entregarte jamás. Tus pies se cansarán, las piernas blandas, no existe en el mundo cama que pueda brindar a tu cuerpo reposo, y el alivio sólo llegará cuando tu mente recuerde mi nombre y me busques y me encuentres. Volverás, y el alivio se convertirá en sopor, y el sopor en hermoso y reparador sueño.

Con esta boca que te enseñó placeres tibios, en esta noche de luna llena, grito que me amarás. Porque yo vivía mis días y tú los mezclaste con los tuyos, porque te ofrecí risas y tú me pediste un te quiero, porque te pedí compañía y tú planeaste un futuro, porque me conformaba con tu voz preguntando por mi estado, y tú me regalaste sorpresas sólo posibles en cuentos de hadas… por eso me amarás, porque ahora, mientras te vas, y mientras te alejas sin que se te oprima el pecho, sé que no estás listo para eso, pero volverás, porque tú mismo escribiste el conjuro y elegiste mi voz, y ahora que te tapas los oídos, la luna danza conmigo y nos reímos porque siempre has dado el primer paso, porque siempre eres tú el que busca mis labios y el que sin previo aviso se congela asustado diciendo no te amo, dejándome con los brazos estirados. La luna lo sabe, una estrella se lo contó, la estrella que te trajo y que reconocí en tus ojos alumbrados de pestañas de sol. La Estrella de los Solitarios no se equivocó, ella sabe que eres tú, y yo sé que volverás, porque este es tu conjuro de amor, esta es la magia con la que teñí tu cuerpo, con mi lengua cada rincón.

Volverás niño, volverás cuando seas hombre, cuando lo hayas vivido todo siendo siempre un visitante, porque yo soy tu tierra, porque en mi vientre está el fuego que calentará tus manos, porque ya has conocido la profundidad de mis ojos almendrados, porque has provocado el gemido intenso y la lluvia de felicidad, porque puedes correr toda tu vida, pero volverás, porque necesitas aprender a amar, porque nunca imaginaste mujer de uñas fuertes y caricia de mar, porque jamás escuchaste vociferar teamos a un huracán, ni saboreaste besos dulces en el desierto inmenso, en el sentimiento eterno.

En esta noche de luna llena, con estas manos y esta boca mía, esparzo la luz blanca del conjuro que tendrá tu pecho atado, dejándote vivir en libertad siempre sediento, y cuando te hagan hombre los tambores del tiempo, volverás por el sorbo de vino de mis caderas que te embriague de la valentía que necesitas para desanudar los lazos de cargas añejas, ajenas. Sólo entonces tendrás la fuerza para admitir que hace años me elegiste para amar.

En esta noche de luna llena, existes tranquilo mientras te olvido, y a mi me tranquiliza la Estrella con un guiño, recordándome el único motivo por el que te dejo ir con un suspiro: el conjuro que llevas en la piel, en cada lunar, un conjuro de amor con mi nombre… tú no lo sabes, pero volverás.

jueves, septiembre 03, 2009

Dilema de hospital

Tengo que hacerlo, pero no sé si estoy preparada.

Sé qué veré en la habitación 24 a la vuelta del pasillo, me han narrado todas sus alucinaciones y descontroles corporales, me han mantenido informada sobre la forma en que lentamente se transforma en todo lo que siempre temió, no será ninguna sorpresa, mas no creo estar preparada…

Y surge el dilema y los sentimientos encontrados: verla una vez más, quizás por última vez, o conservar su recuerdo digno.

Estoy sentada y miro el pasillo por el cual desaparecieron mis papás. Debo reconocer que fue un alivio que el número máximo de visitas fuera dos, y casi una satisfacción renunciar a entrar primero. Miro el pasillo eterno, y sé que tengo que cruzarlo, sé que tengo que ser fuerte y ser el apoyo para la mamá, que tú a la distancia no le puedes brindar, te prometí estar de pie, muy firme y derechita a su lado, pasara lo que pasara, pero me tiemblan las piernas ahora que veo cómo vuelve por el pasillo el papá: viene a cederme el turno de ver a nuestra abuelita amarrada a una cama de hospital, creyendo que tiene veinte años y que se va a casar, pidiendo que le saquemos las manos de los bolsillos que tiene tan apretadas que no se puede mover, llorando porque cree que la agarraron a palos en el patio.

Miro el pasillo eterno -aunque podría asegurar que el papá se acerca a toda velocidad-, y pienso que debo cruzarlo, porque probablemente ella no logre hacerlo nunca más… dos semanas dijo el doctor…

No quiero que no recuerde mi nombre, no quiero que dude si me quiere o no, no quiero ver el vacío en sus ojos y la confusión en todos los gestos de su rostro, ¡no estoy preparada! Podría negarme a entrar, podría decirle a mi papá que no puedo, que él acompañe a mi mamá, y así conservar el recuerdo de esa abuelita cariñosa y buena para reírse, de esa Belita que amaba con todo su ser al Tata… ¡No estoy preparada! Sin embargo, ella no me esperará a que lo esté.

No hay dilema que resolver, pienso, mientras mis tacos hacen eco por el pasillo eterno. Un último respiro para despedirme de la imagen tierna que tenía, antes de entrar a la habitación 24.

miércoles, julio 29, 2009

Tu más preciado secreto

Una vez más estoy aquí envidiando a una niña
débil, afortunada y linda
que tiene a tu mano derecho.
Y aunque yo puedo tener todo tu cuerpo
y los placeres que él sutil puede crear,
envidio a esa niña, porque puede crecer,
pero yo no puedo volver atrás.
Atrás, donde obligué a mi niñez a huir, a morir,
donde mi único juego era pretender ser mujer.


Cuando fui niña no me quisiste, y ahora que ya no lo soy,
sólo te enamoras de pequeñas indefensas.
Por eso yo la envidio, porque aunque yo soy tu más preciado secreto,
ella es tu más absoluta verdad.

Perdimos nuestro momento, querido, lo dejamos pasar;
yo nunca volveré a ser una niña
y tú nunca podrás vivir tus días
con alguien que se sepa cuidar,
necesitas ser más fuerte que tu amada por tu maldita inseguridad,
yo necesité hacerme más fuerte para defenderme de las malditas burlas.


Hoy sólo nos queda este amor muerto,
que ya tuvo principio y final,
hagamos el amor una vez más,
Nos lo debemos,
como capítulos que nos saltamos para avanzar.

En esta cama eres el más fuerte,
tan hombre, tan intenso en tu besar,
te aferras a mí con ese deseo que me debes,
con esas ganas de haber sido el primero,
y yo con mi entrega sumisa porque quise tanto que lo fueras.


No importa nada el futuro,
El tuyo es con esa niña, el mío con otro:
nuestros labios se buscan por el pasado,
nuestras manos se aventuran por lo que debió pasar
y nuestros cuerpos se unen por hacer justicia a la historia de nuestro primer amor,
que por miedos infantiles nunca sucedió.

jueves, julio 09, 2009

Para cuando vuelvas

Para cuando vuelvas quedan guardadas cada una de nuestras fotos en un cajón chico,
y con ellas todos los besos que les di en tu ausencia.
Y cuando vuelvas volveré a dormir con el peluche tibio
que me regalaste un día de sorpresas.

Para cuando vuelvas reservo el último suspiro de mi perfume fino
y no compraré otro para que no confundas mi cuello.
Para cuando vuelvas mi mejor vestido
y los aros de plata que me obsequiaste un catorce de febrero.

La sinceridad de mis gemidos
quedará reservada para cuando vuelvas,
y sólo entonces amor y placer sonarán como una única palabra.
Mi cuerpo será sometido a la escasez y a la fuerza, a riguroso masoquismo,
para estar bella para cuando vuelvas,
vuelvas a casa.

Para cuando vuelvas dejaré las visitas a todos los lugares bonitos e interesantes,
mientras tantos mis pies me llevarán solo a los que sean imperantes,
¡la rutina una forma de vida!,
y la sorpresa de tu retorno la esperanza de mi monotonía.

Callaré mis miedos y pausaré mis sueños,
pero seguiré viviendo
para estar aquí para cuando vuelvas;
y entonces te lo contaré todo,
la boca que hoy miente estar bien te confesará a gritos locos
que tuvo pánico a la soledad y a lo irreversible de tu decisión,
y que me prohibí llorar cada lágrima
para cuando vuelvas liberarlas todas en tu abrazo arrimada.

No he botado el boleto del cine
ni el vaso de dulce de leche cream,
porque aún bebo de su recuerdo,
y reemplazo por silencio los improperios
que te mereces por tirar nuestro amor por el suelo
y los convertiré en hermosos versos
que recitaré en tu oído cuando vuelvas.

Para cuando vuelvas escribo estas líneas,
para que cuando estemos juntos las leas y te rías.
Y si nunca vuelves, al menos quedará este texto,
testimonio de cuánto te quiero,
y la belleza redactada de cómo en esta espera ingenua, tonta esperanza, me muero.

viernes, mayo 29, 2009

Él y Ella

Él peleaba con su lengua para que lo dejara decir más veces más rápido te adoro, te adoro, te adoro, te adoro mientras sus ojos y los de ella no se tocaban únicamente porque existían sus narices.

Ella pugnaba con sus labios para que la dejaran modular más veces más rápido te quiero, te quiero, te quiero, te quiero y no se notara que estaba conciente de pronunciar palabras que significaran menos.

domingo, mayo 10, 2009

Desaparición o Espejismo

¿Dónde estás, mi amor? No pudiste desvanecerte en el aire, nadie puede, y nadie puede extirpar un sentimiento de forma tan radical, como si jamás lo hubiera sentido.

¿Qué clase de hombre-témpano, de mente malvada, puede tomar una decisión de término sin que se le oprima el pecho, sin titubear un momento, sin meditar, ¡al menos!, una segunda oportunidad?

¿Dónde estás, mi amor? ¿Dónde las manos alborotadas, imantadas a mi piel? ¿Dónde las risas nerviosas, espontáneas? ¿Dónde tu demanda de mi tiempo, la exigencia de ver mi rostro y dormir junto a él? ¿Dónde el arrebato de raptarme, de venirme a buscar, de darme un beso, de tener derecho absoluto sobre mi cuerpo? ¿Dónde la malicia tierna, la mentira hermosa, el plan secreto para provocar la sorpresa en mis ojos, el ahogo en mi boca? ¿Dónde tu devoción por la belleza de mis ojos? ¿Dónde tu dedicación, dónde tu intención de aprender a amarme? ¿Dónde la certeza de que este es el momento perfecto, de que la vida insiste en juntarnos, de que ella conspira y maquina para que seamos una bella historia de amor? ¿Dónde? ¡¿Dónde?! ¿Dónde está? ¿Dónde estás, mi amor?

Tal vez fui yo… Tal vez espanté la esperanza, arruiné el plan maestro de la vida. Porque cuando vi tus ojos brillando con la misma intensidad, el mismo fulgor que los míos, me arrojé, abracé la belleza y la posibilidad, no esperé un segundo, no comprobé si era un espejismo o si era real, me lancé sin miedo a morir, ansiosa de ser feliz… ¡Lo siento! ¡Soy así! Y estoy aquí, ¿y tú? ¿Dónde estás?

¿Dónde estás, mi amor? ¿Dónde estás? En el futuro, quizás.

domingo, abril 19, 2009

A ti te trajo una estrella

Y cuando tus ojos se abrieron brillosos tras emerger de la piscina,
llenándome toda la cara,
supe que era verdad lo que creía:
a ti te trajo una estrella.

Debes haber escuchado alguna vez la leyenda de las Tres Pascualas,
las hermanas que se ahogaron en el lago de Concepción
por la pena de enamorarse de un mismo y traicionero amor…
Dicen que la luna se compadeció
y que sus almas subieron al cielo en forma de estrellas,
desde donde aún esperan
que vuelva el hombre que las besó
a cumplir su promesa,
formando el también conocido como Cinturón de Orión.

Pero no creo que hayas oído la leyenda de la Estrella de los Solitarios,
que brilla intensamente en línea recta bajo la hermana del medio.
Esa es el alma de un campesino amigo de las tres Pascualas, que siempre las amó,
esperanzado de que alguna de ellas le correspondiera su sincero sentimiento
que mantenía en silencio
como un secreto.
La leyenda cuenta que murió de pena junto al lago,
solo y desconsolado,
por no haber podido salvar a ninguna de las tres del suicidio.
La luna le permitió estar cerca de ellas, con el más intenso brillo.

Dicen que si tu corazón está herido y en soledad,
puedes pedirle a la Estrella de los Solitarios
a las doce de la noche del último día del año
que te traiga un amor sincero
para estos meses nuevos,
y que la pena quede sólo como un recuerdo,
junto a los meses viejos.
Y dicen que al poco tiempo,
te envía a la persona correcta,
porque él la vio desde el cielo…

Yo le pedí, mientras estallaban los fuegos artificiales,
que ahogara en el lago mi pena,
que si podía
que me enviara al amor de mi vida,
pero que me conformaba con su soledad brillante,
con mi corazón en paz.
Y entonces al poco tiempo te vi llegar,
y permutaste mis lágrimas por sonrisas,
alegrándome los días,
esperanzándome la existencia…
alegué coincidencia,
pero ahora que iluminas la cara mía
con sólo abrir tus pestañas crespas,
debes tener en los ojos el mensaje del astro,
que me indica que fue el Solitario:
a ti te trajo una estrella.

jueves, abril 02, 2009

Tenue

La tenue luz de la calle, que intrusa se asoma por la ventana, a penas te acaricia la espalda. La habitación en penumbras y tus dedos ciegos dan a luz una melodía que llevará mi nombre.

Yo te observo, y me dejo amar por el piano que toca toda la piel de mi cuerpo con su música, mientras el tuyo se mueve involuntariamente para crear, para dirigir solemne diez soldados con órdenes estrictas de consentirme. O eso quiero creer…

La tenue luz a penas te acaricia la espalda, pero yo no logro verte titubear. Tus manos se deslizan por terreno conocido, logrando el sonido deseado a oscuras, sin errar, casi molestándote cualquier atisbo de luminosidad, a punto de gritarle a la tenue que no te toque más.

Yo tampoco necesito ver para la certeza inequívoca de lo deseado, pero sí para osar la cercanía en un movimiento, somos un nosotros y al mismo tiempo, terreno desconocido, país extranjero, ajenos… Tus manos jamás me harán canción, las mías nunca te harán poema.

La tenue luz a penas te acaricia la espalda, el piano me acaricia toda y yo no logro tu caricia. Es evidente en plena oscuridad. Sigue tocando esas teclas, amanecerá igual.

domingo, febrero 22, 2009

¿Qué es lo debido?

Todo a su debido tiempo, dicen,
pero también los he escuchado aseverar que el tiempo es relativo.
¿Qué es lo debido,
si hay noches que parecen años y meses que saben a suspiro?

Él tiene que ser lo debido,
y el tiempo sólo un capricho
de esa eterna niña
que nos ve a todos envejecer: la vida.

Él tiene que serlo, ser lo debido
o un perpetuo castigo,
porque la niña sigue cruzándolo y sacándolo de mi camino,
embaucándome con un momento de felicidad
para que después el latigazo de su nueva desaparición duela más…
o para que cuando finalmente se quede, yo lo sepa valorar.

¿Será que esta vez sí se quedará?
¿O será que esto no es el juego planeadísimo de la sabia,
sino sólo un montón de coincidencias sin más sentido que el la obsesiva racionalidad le logra dar?

Y si esto no es más que una casualidad,
me alegro de que existan tales
porque bien se quede o se largue
para mí él es lo debido
y cuando se me escapa de la boca un te quiero mi niño
me queda en los labios sabor a destino.

domingo, enero 11, 2009

Sólo léelo y devuélvemelo

Nunca pude verle completamente, sólo el reflejo de labios finos y un mentón firme que me mostraba cómplice, como un secreto incontable, el reflejo de la ventana a su derecha. Sentada tras él, me enamoré de la posibilidad de protección de su espalda ancha y el fino cuello claro me llevaba a un cabello castaño que podía adivinar suave. Un audífono adornando su oreja izquierda, perfecta, y mi mano diestra tan cerca de ella, apoyada en la manilla de su asiento. Pasamos por un túnel y él no sabe que aproveché la oscuridad para rozar su camisa celeste a cuadrillé, que ha tenido el placer de su piel.

Mira el paisaje, sólo edificios y gente, y yo lo miro a él mientras gira su ángulo de visión, regalándome el conocer sus pestañas largas que protegen ojos cuya tonalidad y lágrimas tal vez siempre me sean un misterio, porque tal vez nunca pueda verle completamente y saber si es posible que un rostro atractivo acompañe esa espalda imponente e ideal, un día cualquiera, en una micro más, dentro de la rutina de la gente normal.

En un bostezo se denuncia la magnitud de sus manos que cubren una boca muda a mi existencia tal vez para siempre, irreversiblemente. Tal vez…

En fin, ¡que se quede con su rostro!, conocimiento que me será prohibido a perpetuidad; él tampoco nunca sabrá bellezas de mí, la hermosura de un poema dramático, de mi intento desesperado por alcanzar los trancos de sus pasos antes de que me robara sus rasgos el cierre irremediable de las puertas del metro, antes de poder estirarle mi brazo y entregarle esta hoja que tiene en su última línea mi correo y una petición: “Sólo léelo y devuélvemelo, por favor”, bajo riesgo de perder lo único que tengo de ese hombre: un boceto imaginado, un retrato hablado de su perfil, para mí la más absoluta verdad de ese hombre, del que, sin jamás verle completamente el rostro, me enamoré.

miércoles, diciembre 24, 2008

Carta de despedida

Mi amor:

Ahora que terminaste el trayecto más complicado del camino, ya puedo soltarte la mano; no hay más riesgo de tropiezos, ya no me necesitas. Sé que me pediste que no hiciera esto, que no te acompañara si cada paso me hería el alma, pero no iba a arriesgarme a que tu soledad te dejara inválido, preferí correr contigo sangrando y sonriendo.


Hoy el sendero se te presenta mucho menos escarpado, y yo tengo que retomar el mío, donde al fin podré olvidarte... permíteme esa paz. Porque el amor brilla aún en nuestros ojos, nuestras manos aún se buscan, nuestras voces insisten... y eso sólo lo opacará la distancia, distancia enorme entre tu camino y el mío, entre tu vida y la mía.


Te deseo lo mejor, espero que seas muy feliz, ojalá el paisaje de tu sendero tengas flores, risas y color sol. No te preocupes por mí, porque volveremos a estar juntos: nos veremos en el cielo, mi amor.

viernes, octubre 24, 2008

Tus chaquetas

Ya casi no te amo a ti, pero amo tus chaquetas. Conozco la textura y el olor de cada una de ellas mejor que tu piel. En ellas todo el invierno se posaban mis manos, mi rostro... ellas me acogían en su rugosidad; es lo más inmediato que tenía de ti.

Yo contigo era sonrisa, y ahora que soy sólo mi nombre y la evocación de tu rostro se me prohíbe difusamente, prevalece el cariño que me daban tus chaquetas y cada roce casual.

Ya se acerca el verano y no las usarás, déjame acostarme con ellas, porque sé que cuando despierte aún las tendré a mi lado para una caricia más.

lunes, septiembre 29, 2008

Cumpleaños

Abres los ojos un día más, se cumple un año más de existencia, y eso lo hace especial. Toda la jornada en la exaltación de tu persona, esperando que el mundo recuerde un número entre trecientos sesenta y cinco.

El regocijo del nacimiento, a medida que se acumulan las horas, encuentra el ocaso en la angustia de la indiferencia, del olvido… Una y otra boca dijeron feliz cumpleaños al pasar, nadie aún planea una fiesta sorpresa, se suman velas y cada vez son menos los que entonan la melodía previa al soplido. Cada regalo evidencia que nadie sabe lo que quieres; sonríes por cortesía y por la cómica imagen que tienen de ti… ¿será que ni los que se molestaron en asistir a tu celebración te conocen?

Empieza la cuenta regresiva de tu día especial, que sólo podía serlo si los demás se proponían hacértelo tal, y tu felicidad, como en calidad de recién nacido, depende de las atenciones de terceros: el cumpleaños no es un festejo, es una prueba de fuego a la amistad, al cariño.

Mañana también abrirás los ojos, y entonces, que ese amanecer sea especial, sólo dependerá de ti.

sábado, septiembre 13, 2008

Un par de audífonos

Bocas moviéndose sin emitir sonido y cabezas asintiéndole a la nada rítmicamente, todos escapando de la cacofonía de la ciudad -o de sus pensamientos- para reemplazarla por reguetón, una canción romántica o el Rumpy.

Dedos en el pasamano siguen una música para los espectadores imaginada: ¿síntoma de locura o consecuencia inevitable del avance tecnológico?

En los oídos de Santiago un par de audífonos y, en la imaginación, el videoclip que puede ser la vida, el vocalista en el que te puede convertir un mp3.

Todos los santiaguinos cantan y bailan, pero sólo para sí mismos y en silencio.

jueves, agosto 21, 2008

Como una pesadilla

Era una noche que empezaba sin parecer precederle un día. Y eran mis ojos sobrevivientes de un húmedo descontrol, con graves secuelas para sus proporciones. Era un amor y millones de detallados sueños, pero era una voz que se había robado la del protagonista de todos ellos; tiene que haber sido eso… porque dijo cosas terribles.

Eran palabras nuevas en la boca que tanta dulzura me dio, aseveraciones a mi mente impensadas, desgarradoras puñaladas. Era una pesadilla, pensé, y no esquivé los golpes, asumiendo que la sangre era un producto de mi imaginación. Era horrible. Y fue peor. Porque mi propia voz me fue alquilada, a cambio del regocijo amargo de la venganza; tiene que haber sido eso… porque dije cosas terribles.

Éramos los que se amaron tanto, poseídos por un espíritu maligno, desesperados, haciendo daño, echando a la basura años. Era el fin.

Todo era como una horrible pesadilla. Pero ya desperté. Ya desperté.

sábado, agosto 09, 2008

Dicen que Dios es amor

Con un suspiro ahogado reprimo en un pecho vacío mi angustia, y me someto al capricho irónico del amor... o de tus designios, mientras él se somete a ti.

Dicen que eres amor, y mi amor lo aleja de seguirte hasta el cielo eterno. De pronto, perdí mi nombre y me transformé en Pecado, Tentanción para un hombre débil. Y yo feliz renuncio a mi nombre, mas no a su mano, y entonces lo llenas de culpa y se siente manco.


Misericordioso, déjame amarlo,
yo no puedo prometerle el paraíso ni el perdón de todo lo malo,
sólo un beso y un abrazo,
y tiembla de nuevo mi pecho mientras él deja ir mi mano,
y ya casi no respiro mientras se acerca a tu sendero iluminado,
no le alcanza la luz de mis ojos pardos,
y me quedo aquí, sola, con mi amor por él estorbando,
Dios mío, ¿por qué llenas el amor de requisitos y obstáculos?
Dios mío, ¿por qué no podemos abrazarnos sin ser condenados?
Dios mío, ¿en qué momento me volví un pecado?

miércoles, julio 02, 2008

Princesita hermosamente triste

Princesita hermosamente triste, de sonrisa eterna, de mirada disfrazada de altiva, por favor, descansa. Descansa del encantamiento de ser siempre perfecta, de estar siempre bien, no fue una pesadilla, dragones endemoniados te desgarraron por dentro, y aunque ya se hayan apagado sus fuegos, la herida, que no modificó la belleza de tu cuerpo, sigue quemando tus sueños.

Princesita hermosamente triste, regálate los diamantes líquidos de esos ojos que pretenden olvidar lo que vieron, deja que broten, brillarán en tu rostro con deslumbrantes destellos, con una sonrisa de verdad, romperán el hechizo y tu condena a la perfección. Regálate los diamantes y viértelos majestuosos en tu vientre, de donde nacerán ángeles alados, no serás perfecta, pero serás feliz, princesita hermosamente triste, serás sólo hermosa, porque el único fuego que prevalecerá es la calidez de un amor sincero del principito al que le confesaste la falsedad de tu mirada altiva, la muerte de tu risa… al que te permitiste amar.

¡Y que el rey y la reina lo sepan! Enviarán raudos unicornios morados que volarán a rescatar tu pena, reina serán algún día, tan bella, y el reino entero preferiría que fueras una pordiosera, venderían el castillo y sus siervos para conseguir tu felicidad a cualquier precio, por eso, princesita hermosamente triste, descansa, no temas dormirte en tu lecho, que los principitos sinceros despiertan a las princesas con un beso de amor eterno.

jueves, mayo 01, 2008

Un hombre, un beso

Los hombres son besos. Besos dados, vencidos, caducados, o besos por dar, negar, disfrutar, arrepentir. Eso son los hombres, cada uno que pasa es un potencial besador, un sí o un no, una sonrisa o una lágrima, y todos besos que diste, que quieres dar o que quieres evitar.

Un hombre, un beso. Labios que se han de olvidar para toparse con otros que con esperanza se creen mejores, pero no hay nadie mejor, ningún hombre es peor, son todos besos, intercambio de saliva y sus consecuencias.
Un hombre, un beso. Y el día que encuentre uno de esos especimenes escasos, seré feliz. Seré feliz cuando halle un hombre que sea abrazo.

martes, abril 08, 2008

Expíame

Primer amor maldito, ¡ya no te amo! Pero cada cierto tiempo tu rostro aparece súbitamente entre pensamientos descontextualizados, y me acosa, se fija como un presentimiento, sin razón aparente tu nombre se queda junto a mí y me pregunto cómo estarás, si has superado tu pena, si has encontrado un sueño… Mas junto a mí hay otro amor que sí amo y que no merece que te piense tanto… Te borro, te olvido nuevamente y sigo viviendo; no obstante, la vida es traviesa y cruza por mi camino hombres con un extraordinario parecido a ti… una vez vi por ahí caminando tus lentes, en una micro viajaba tu perfume, en un pasillo esperaba tu peinado excéntrico… y yo un asombro sincero; luego miedo. ¿Qué hace tu recuerdo mezclado en mis días, maldito primer amor? ¡Ya no te amo! Ya no te odio… Entonces, ¿qué haces aquí?

A veces es tal la insistencia tuya de aparecerte que quisiera buscarte y al fin saber si estás bien; si no me estuviste llamando inconscientemente como pertenencia tuya que, lamentablemente, soy. Sin embargo, desisto, es inútil, todas estas cosas me pasan sólo a mí, sólo a mí se me tropieza tu nombre, porque tú fuiste mi primer amor, pero yo no fui el tuyo. No te guardo rencor, en serio, ya te perdoné, ya no te odio, ya no te amo, y no te reprocho que penetrarme esa primera vez haya sido para ti sólo una vez más y placer, en serio, a mí también me gustaría recordarlo así, pero no puedo, ¡maldita primera vez! Como un conjuro me tiene encadenada a ti, condenada a recordarte, a ver tu fantasma, al impulso ridículo de ir a cuidarte… ¡Maldito primer amor! ¡Ya no te amo! Deja de atormentarme, yo lo di todo y mis piernas abiertas… yo sé que tú también diste algo, pero ya necesitabas otras piernas; y entonces te di mi perdón y mi venia. Por eso, te pido por favor, que me dejes ir, rompe el hechizo, no me llames más, ya no quiero ser tuya: quiero ser mía. Por favor, déjame ir, levanta la condena, expíame de la culpa de haberte dado aquella maldita primera vez con un gemido ahogado, por ser mi maldito primer amor idealizado.

jueves, abril 03, 2008

La historia de un Tú y un Yo

Había una vez… una señorita que le encantaba disfrazarse y jugar. Vestía los más extravagantes trajes y refugiaba sus travesuras en las más detallistas máscaras. Ella sonreía porque muchos sonreían con ella, atraía miradas, tuvo amigos y amores y amigos que se volvieron amores, caían en su boca besando la noche… pero ninguno permanecía en sus brazos llegada la mañana. No entendía por qué.

La señorita amaba incondicionalmente, perdidamente, pero nunca fue correspondida, porque ellos besaban a una persona que no existía, ¿cómo iban a amar, si al mirarla sólo veían una máscara vacía?

Un día conoció a un caballero fuerte, ganador de varias batallas, indiferente a todas las que no le merecían causa. Heroicamente llegó a salvarla el día que no se disfrazó: tragedia total, desnuda todos supieron cómo herirla, se miró al espejo y no supo si era realmente una señorita… ¿quién era? Un montón de lágrimas, preguntas y amor truncado: eso era. Él la abrazó hasta que su rostro ingenuo sonrió con sonrisa propia. Y fueron felices.

El abrazo aflojó entonces. El fuerte caballero ya no tenía fuerzas para seguir protegiendo, dijo misión cumplida y se fue. La señorita lo buscó, sin caballo y sin espada, salió tras él.

-¿Dónde estabas? ¿Por qué te fuiste?
-Porque las tormentas caen sobre mí, no te empaparé con ellas.
-No, no lo harás, porque yo secaré cada gota. No puedo evitar que llueva, pero puedo ser tu refugio mientras escampa.

Y entonces hubo muchos diluvios y sequías, pero descubrieron que las historias de amor no tratan sobre caballeros que rescatan señoritas, sino sobre personas que acompañan mutuamente sus días… y los días cambian de clima. Si este amor sobrevivió un verano, un otoño, un invierno y una primavera; entonces sobrevivirá la vida entera.
Erré el cálculo.
Esta historia,
este tú y yo,
terminó.