domingo, julio 07, 2019
El problema
Hola, cómo estás
domingo, febrero 24, 2019
Bulling
domingo, enero 27, 2019
Musas y magas
domingo, octubre 21, 2018
Perturbación
Tu bailarina
domingo, octubre 14, 2018
Buenos Aires, II
domingo, mayo 27, 2018
Es hora de vino tinto
lunes, enero 15, 2018
Nombres
sábado, octubre 28, 2017
domingo, agosto 07, 2016
Color sol
viernes, enero 15, 2016
Mis amantes
miércoles, agosto 13, 2014
¡Adiós, Papito! Nos vemos en el cielo
Sin embargo, no voy a exagerar en mis palabras, sé que este hombre de dos almas podía tener una forma bien desagradable de decir las cosas, sin filtro, con una honestidad brutal, absolutamente incapaz de guardarse su opinión, y al mismo tiempo con una capacidad impresionante para poner nerviosa a la gente, para narrar las situaciones de tal manera de tener la razón y para ser más exigente que la voz de la consciencia. Ni se les fuera a ocurrir tener la televisión prendida mientras conversamos o interrumpirlo sin dejarle terminar su punto… La verdad es que podía ser bien pesado e impertinente, pero casi todas las veces hacía suyos los problemas que le contaban y trataba de buscarle una solución, ayudar de alguna manera. Y si era exigente, era porque quería que todos sacaran lo mejor de ellos mismos, que se superaran.
Cuando supimos que tenía cáncer, el 9 de agosto de 2011, les dije a mi papás: “Este es el plan: vamos a ser todo lo felices que podamos, todo el tiempo que podamos”. Y así lo hicimos, nos dedicamos a salir, a ir a comer a bonitos restaurants, a ver películas, a asistir a conciertos, a leer muchos libros, a darnos el tiempo de tomar un café cortado, a tener muchas tertulias de vino y guitarra, de chistes y canciones. Nada se dejaba para mañana, la vida la vivíamos a propósito y compartíamos cada instante, nos regaloneábamos, nos dábamos gustitos, nunca nos íbamos a dormir sin decir buenas noches.
Pero lo que más hicimos para cumplir nuestro plan fue viajar. Mi papá siempre decía que una de las cosas que más le gustaba hacer en la vida era viajar. Así que en diciembre de 2011 envié a mis papás a Buenos Aires, en febrero 2012 nos fuimos al sur de Chile, en abril de ese mismo año viajamos a Disney gracias a Andrómaco, y en agosto conocimos la inigualable Isla de Pascua. En enero del 2013 fuimos a Río de Janeiro y Buzios, y en agosto al Cuzco y Machu Picchu. Tenemos miles de fotos de tantos bellos e inolvidables momentos.
Fue una época extraña, porque era por un lado, el peor momento de nuestras vidas por esta desgarradora enfermedad sin cura, y al mismo tiempo, el mejor momento de nuestras vidas porque disfrutamos como nunca, las palabras cariñosas no se guardaban para después y las disculpas se pedían en menos tiempo. No sé si dejamos de tener otros problemas o las cosas que antes nos hacían problema ahora parecían simples y superficiales, todo por la urgencia de ser felices, ahora ya.
Y cumplimos el plan, ¿cierto, mami? Me encargué personalmente de convertirme en la hada madrina de sus cuentos y nos dedicamos a cumplir sus sueños… Quedaron algunos sueños sin cumplir, como ver la parcela convertida en un parque, como ver el departamento que me compré terminado, como ver construida la casa de Manott, como ver crecer a su nieta… Sí, quedaron algunos sueños sin cumplir, pero estoy segura que aunque viviera hasta los cien años se iría con sueños sin cumplir, no porque no luchara por cumplirlos, sino porque no paraba nunca de soñar.
Cumplimos el plan. ¿Y ahora? ¿Ahora que mi papito ya no estará? Bueno, ahora el plan es el mismo: ser todo lo felices que podamos, todo el tiempo que podamos, teniendo sueños que inspiren el futuro, pero viviendo el presente.
Siempre le preocupó la trascendencia, decía que él no se podía morir sin dejar una huella, un legado, y creyó dejarlo en las canciones que escribió y compuso, no sólo infantiles, también folklóricas y baladas. Pero su trascendencia va más allá de lo artístico, está en sus mensajes, en todas las personas que tocó con sus palabras mostrándoles otra manera de mirar, en todos a quiénes inspiró con su ejemplo de fortaleza, perseverancia y de disfrutar la vida a pesar de los problemas, de no dejarse abatir.
martes, junio 24, 2014
Adiós, Gabriel García Márquez
como que las niñas que desobedecen a sus padres se convierten en tarántulas con cara triste,
o que un hombres viejo tenga alas y se debata si es ángel o gallina gigante.
Me enseñó que en la literatura nada es ridículo,
Ni títulos interminables como "La increíble y triste historia de cándida Eréndida y su abuela desalmada", ni que se desmantele y queme un pueblo por el rumor de que algo terrible va a pasar...
Me enseñó que el arte no surge con palabras bonitas, sino con la belleza de la creatividad.
Me enseñó que una novela no es buena necesariamente si recuerdas la historia,
es buena cuando recuerdas qué sentiste al leerla.
Me enseñó que el único límite de la literatura es la imaginación del escritor.
Y fue uno de los que me enseñó, entre página y página,
que la literatura es mi verdadero amor,
que cada noche deseo la compañía de un libro antes de dormir para poder soñar,
que la trascendencia es que un libro lleve tu nombre en su portada,
y que la inmortalidad es que te lean incluso después de morir.
Gabriel, no por el premio Nobel, por la creatividad surrealista de tus palabras, te leeremos cien años, ¡mil años!, porque mientras existan escritores como tú, no habrá en mis noches soledad...
domingo, junio 15, 2014
Fulgor
martes, abril 09, 2013
Punto de inflexión
Ese mágico segundo en que realmente lo vi y realmente lo escuché, y entendí lo hermoso que era. El privilegio de la confianza y la fortuna, la fortaleza de saber valorarla. El compromiso con su desnudez y el arrojo para protegerla, no con ropajes y finas sedas, con espejos, miles de espejos que lo exhibieran tan bello como yo lo vi, y le convencieran.
Ese bello segundo, punto de inflexión. Eres más humano ahora para mí.
lunes, diciembre 24, 2012
Carménère
lunes, julio 09, 2012
El tercer párrafo
domingo, abril 01, 2012
Aprendizaje desgarrador
domingo, noviembre 27, 2011
Sed
sábado, julio 02, 2011
Un capítulo
Ya fue el adiós, y el alivio de haberlo dicho todo y de despedirse con un beso es de una belleza poética, tenue y tranquilizadora. Sin embargo, muy a mi pesar, la ilusión no se retiró contigo: aún te espero; algo me dice como consuelo que volverás… tal vez mi masoquismo. No obstante, no duele, como la incertidumbre o como la frustración de la expectativa diaria.
Ya fue el adiós, y estoy en paz. Te espero sin esperar, no me paraliza la vida el sentimiento ni me moviliza a buscarte la ilusión. Hoy me sobrecoge la dulzura de nuestra despedida y la tibieza que me acompaña en el pecho esboza mi sonrisa.
Que el círculo se haya cerrado tan prolijamente es un sueño cumplido, libertad para mi corazón. Sólo me pesa que haya tenido que tener un final, esta historia en la que aún había tanto que narrar, tantos capítulos que planeamos y que nunca llegamos a escribir. Tal vez fue lo mejor, menos recuerdos son menos recursos para sufrir cuando los protagonistas deciden vivir cada uno su propia novela.
Pero yo no olvido. Quedó pendiente nuestro paseo por Valparaíso. También ir a comer comida árabe y pedir sushi en abundancia. Incluso insinuamos un viaje a Brasil. Leer juntos, sacarte una foto, ir a bailar. Y lo más importante: decir que sí cuando me volvieras a pedir que me quedara a dormir contigo.
Quedó pendiente, pero ya fue el adiós, y es tiempo de vivir mi novela.
