lunes, enero 21, 2008

Suena, por favor

I

El reloj acercándose a la media noche y en el velador, mi celular. Tentación apocalíptica, diamante sin protección, ingenua en brazos de un Don Juan, pecado original, chocolate olvidado en el mesón… mi celuluar…

Tan fácil, tan cerca. Sólo tendría que estirar el brazo, marcar los números que de memoria sé y…


II

-No llore más, mi niña, si va a volver, él la ama, va a volver…
-¿Y si no vuelve, mamá?
-¡Sí va a volver! Usted ponga el corazón duro no más y no lo llame. Cuando la empiece a extrañar, volverá.


III

No terminaba de abrir ambos ojos y mi mano rauda interrogaba bruscamente al teléfono móvil para que confesara por lo menos una llamada perdida.

Me sumergí en una refrescante ducha donde me lavaba las pesadillas de la noche ya muerta y me jabonaba con las que tendría que vivir un tercer día, apuré las gotas impaciente y aún destilándolas en toalla encendí el computador. Sin violencia ahora pasé a rogarle al celular que sonara. Suena, por favor, suena.

Una vez vestida y desayunando frente a la pantalla monté incansable guardia: un monito gris insistía en su color y sobre él se tatuaba un no conectado.

Mientras me ponía el pijama me di cuenta de mi metamorfosis en vigilante de mi propia prisión. Espectadora.



IV

Su vibrar contra el velador de madera me alertó y tropecé levemente antes de alcanzarlo y contestar.

-¿Vamos a bailar?
-No, gracias.

Desactivé la opción vibrar y dejé los ringtones personalizados.


V

Otro cigarro más y en aquelarre otro salud más. Humo y risas femeninas envuelven cualquier cosa y lo deforman. Cada cierto tiempo chequean si estoy bien; yo sonrío tranquila. Otro cigarro más, alguien vuelve a llenar mi vaso, todas hablan sobre cualquier cosa y evitan el tema; yo silencio. Un mareo lento, circular, me distrae. Todo se mueve, no me quejo, asumo los efectos secundarios de las drogas anestésicas de esta noche; yo inmóvil.


VI

-Gracias, mi amor, eso era todo lo que necesitaba –y sin contestar, colgué.

Volvió a sonar.

-Lo siento, mi vida, no puedo contestarte, lo sabes, pero gracias por llamar –dije en un susurro alegre abrazando el celular mientras aun sonaba. La felicidad era mía: me llamó.

6 comentarios:

Ana Ortiz dijo...

Eso sólo lo hace una mujer, gozar del triunfo de que él nos ha llamado.
Ojala vuelva a sonar más veces tu celular. Eso sí, a la tercera vez , contestá.

Anónimo dijo...

Es extraño poder saber que es lo que ocurre realmente al otro lado del telefono.

Uno siempre imagina que solo hay odio, rencor y resentimientos.

Pero.. uno siempre se equivoca!

L. M. Armas dijo...

Excelente. Me encanató...

Ha sido una grata casualidad leerte. Un beso.

L. M. Armas dijo...

Gracias por esos inquietantes besos tibios. Yo te mando otros, pero calientes.

He terminado de leer varios textos de este blog y me he quedado más que encantado. Tu blog me ha flechado. Por eso, para no perderte el rastro, te añádí a mis vínculos.

Miles de besos más, y el gustazo ha sido mío.

Anónimo dijo...

Disfruta de tu felicidad.

Aleteos!

Putas y Princesas dijo...

A veces una llamada de teléfono es la felicidad. Besos princesa!